Orgullo Gay: Jamás he marchado - Madre Tierra Philly

¿Puedes creer que jamás he ido a una marcha del Orgullo?

Soy una cuarentona y tengo más de veinte sabiendo mi orientación sexual y nunca he marchado, aunque me siento orgullosa de ser lesbiana. Primero, debo confesar que en Venezuela me mantenía en el clóset en los primeros años y luego, me mantuve en el clóset laboral, porque no tenía tiempo de nada y menos de estar explicando por qué viajaba con la misma amiga siempre.

Pocas veces eran las que salía de copas a Copas en Caracas o me atrevía a visitar un bar de ambiente. Mi pareja de aquel entonces, estaba en el clóset católico así que la amenaza era constante y era mejor evitar las tentaciones. Además, yo tan linda e inteligente, la gente no iba a entender cómo no me buscaba un hombre que me representara. En fin, el cuento es que nunca fui a una marcha y creo que en mi país de origen, esas marchas apenas están comenzando ahora. Me perdonan si no tengo datos históricos más viables; lo único que llegué a conocer como documentación de nuestro paso por las calles caraqueñas, fue el libro Sabana Gay de Carlos Colina, publicado por la editorial Alfa en el año 2009.

orgullo gay

Al comienzo de mis treinta, emigré a un país que tenía las puertas abiertas a la comunidad LGTBQ+; tanto, que el Primer Ministro, Justin Trudeau, iba encabezando las marchas, seguido de todas las manifestaciones maravillosas de la alegría de nuestra comunidad. Todo esto lo transmitían en las noticias y era un motivo de alegría para la ciudad entera. Aún así, ya teniendo casi una década en Montréal, nunca he ido a marchar en los días del orgullo. ¿Por qué?

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Te aseguro que no es lo que piensas: ignorancia o repugnancia. Me parece maravilloso que se celebre el Orgullo como recordatorio de la lucha por nuestros derechos como miembros de la comunidad y también de nuestros deberes. Después de una serie intensiva de documentales, sé que el 28 de junio de 1969, en ese bar llamado Stonewall Inn, comenzó un movimiento imparable que se extendió desde el Greenwich Village neoyorquino a cada rincón del planeta en donde nos quieren matar o castigar por nuestra orientación sexual o expresión de género.

La visibilidad es el objetivo fundamental de estas marchas, las cuales resultan ofensivas para muchos por estar llenas de excesos. Tienen razón, estas marchas lo son, pero yo me pregunto el porqué existe detrás de toda esa parafernalia que tanto perturba a algunos.

“Ninguna persona debe avergonzarse de lo que es” reza la wiki del Orgullo en español, así que podemos sacar todas las fantasías que tenemos en nuestras cabeza en un tono relajado y sin la presión de ser juzgados.

Por tanto tiempo hemos sido juzgados; por tanto tiempo nos hemos juzgados a nosotros mismos, metiéndonos en clóset y dejando que la gente elucubre y opine sobre si está bien o mal lo que somos. ¡Qué se vayan al carajo, o a ver si el gallo puso! tal y como dicen las mamás ochentosas en Venezuela. ¿Qué deberíamos mostrar en las marchas? ¿Las golpizas? ¿Los castigos? ¿Las violaciones? Quizás, pero estoy seguro de que sería también motivo para la crítica.

Este año, por primera vez iré a la Marcha del Orgullo. Me vestiré de colores y con parte del cuerpo descubierto, para sentirme bella con mis imperfecciones y libre con mis decisiones. Celebraré que en este país cuento como ciudadana, y no de segundo orden por el hecho de ser lesbiana. Estaré orgullosa de mi pelo corto y mi expresión de género que tiene de todo un poco. Celebraré el simple hecho de poder besar a la persona que amo y que los niños normalicen ese beso como un acto de amor puro y hermoso, así sean dos mujeres quienes lo protagonizan. Y, claro, también estaré a la espera de cruzarme con mi guapo Primer Ministro.

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Olga C. Morett

www.mujercronopio.com

Colaboradora para CIMMT.

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